Las ballenas que cruzaron dos océanos
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Un equipo internacional de científicos ha documentado, por primera vez, el desplazamiento de ballenas jorobadas entre sus zonas de reproducción en el este de Australia y Brasil, con lo que recorren más de 14.000 kilómetros de océano abierto.
Este hallazgo, publicado en la revista Royal Society Open Science, establece un nuevo récord de las mayores distancias jamás confirmadas entre avistamientos de ballenas jorobadas individuales en cualquier parte del mundo.
“Descubrimientos como este solo son posibles gracias a la inversión en programas de investigación a largo plazo que abarcan varias décadas y a la colaboración internacional”, según Stephanie Stack, doctoranda de la Griffith University y coautora del estudio.
Stack añade: “Estas ballenas fueron fotografiadas con décadas de diferencia, por personas distintas, en partes opuestas del mundo, separadas por dos océanos diferentes y, sin embargo, podemos conectar su viaje”.
Tras comparar decenas de miles de fotografías de colas de ballena, también conocidas como ‘aletas caudales’, el equipo identificó dos ballenas individuales que habían sido fotografiadas tanto en el este de Australia como en Brasil.
Una ballena fue fotografiada por primera vez en Hervey Bay en 2007 y fue vista de nuevo en la misma zona en 2013 antes de aparecer frente a la costa de São Paulo en 2019.
Estas dos zonas de cría están separadas por una distancia mínima en línea recta a través del océano de unos 14.200 kilómetros, aproximadamente la distancia que hay entre Sydney y Londres.
Dado que solo se documentaron los puntos de inicio y final del viaje de la ballena, la ruta real que siguió y, por lo tanto, la distancia real que nadó sigue siendo algo desconocido.
CASI 20.000 FOTOS
La otra ballena fue fotografiada por primera vez en 2003 en el Banco de Abrolhos, la principal zona de cría de ballenas jorobadas de Brasil, frente a la costa de Bahia, en un grupo grande y bullicioso de nueve adultos.
Veintidós años después, en septiembre de 2025, fue avistada sola en Hervey Bay (Australia) lo que representa una distancia de viaje de 15.100 kilómetros, convirtiéndose en la mayor distancia jamás documentada entre avistamientos de la misma ballena jorobada.
El estudio se basó en 19.283 fotografías de alta calidad de aletas caudales, recopiladas entre 1984 y 2025 en el este de Australia y América Latina, aportadas tanto por científicos como por científicos ciudadanos a través de la plataforma global Happywhale.
Tras procesar estas fotografías con un algoritmo automatizado de reconocimiento de imágenes y verificar visualmente cada posible coincidencia, el equipo encontró a las dos ballenas jorobadas que habían sido fotografiadas en ambas regiones.
“Este tipo de investigación pone de relieve el valor de la ciencia ciudadana”, destaca Cristina Castro, de la Pacific Whale Foundation, antes de añadir: “Cada fotografía contribuye a nuestra comprensión de la biología de las ballenas y, en este caso, ayudó a descubrir uno de los movimientos más extremos jamás registrados”.
Los investigadores afirman que estos hallazgos ponían de manifiesto que estos cruces eran muy raros: en más de cuatro décadas de datos que abarcan a casi 20.000 ballenas individuales, solo se encontraron dos animales de este tipo, lo que representa apenas un 0,01% de los individuos identificados.
“Ocasionalmente, los individuos que se desplazan entre zonas de reproducción distantes pueden ayudar a mantener la diversidad genética entre poblaciones e incluso pueden transmitir nuevos estilos de canto de una región a otra; se sabe que los cantos de las ballenas jorobadas se propagan culturalmente a través de las cuencas oceánicas, de forma muy similar a como se difunden las tendencias musicales en las poblaciones humanas”, indican.
INTERCAMBIO
El equipo añadió que estos hallazgos también respaldaban lo que los científicos denominaron la hipótesis del ‘Intercambio del Océano Austral’, es decir, la idea de que las ballenas jorobadas de diferentes poblaciones reproductoras se encontraban ocasionalmente en zonas de alimentación antárticas compartidas y que algunos individuos seguían entonces una ruta migratoria diferente de regreso a casa, terminando, quizás para el resto de sus vidas, en una región de reproducción completamente nueva.
Los cambios en el océano Antártico provocados por el clima, incluidos los cambios en el hielo marino y la distribución del kril antártico (la principal presa de la ballena), pueden estar haciendo que estos cruces sean más probables con el tiempo.
Redacción · Servimedia
Fotografía · Fundación Ballena del Pacífico



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