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El ozono troposférico: una amenaza creciente para la salud pública

El ozono troposférico, también conocido como ozono a nivel del suelo, es un gas incoloro y uno de los principales componentes del smog fotoquímico que vemos en muchas ciudades. A diferencia del ozono estratosférico, que forma un escudo protector en las altas capas de la atmósfera filtrando la radiación ultravioleta nociva, el ozono troposférico se forma en la atmósfera más baja y tiene efectos perjudiciales para la salud humana y el medio ambiente.



Este tipo de ozono se genera por la reacción química de los óxidos de nitrógeno (NOx) y los compuestos orgánicos volátiles (COV) en presencia de luz solar. Fuentes comunes de estos precursores incluyen emisiones de vehículos, centrales eléctricas, industrias y equipos de combustión interna. En días soleados, cuando la atmósfera está relativamente inmóvil, estos químicos se acumulan y reaccionan para formar ozono a niveles que pueden ser dañinos.


El aumento del ozono troposférico provocado por el cambio climático está elevando las probabilidades de sufrir problemas respiratorios. Las personas con condiciones preexistentes como asma, enfisema o bronquitis crónica están particularmente en riesgo. Estos individuos pueden experimentar desde dificultades respiratorias hasta ataques severos que podrían requerir hospitalización debido a la inflamación y daño que el ozono puede causar en las vías respiratorias.


Un informe de First Street Foundation sugiere que, debido al calentamiento global, la calidad del aire podría degradarse a los niveles de hace dos décadas dentro de 30 años, revirtiendo los avances significativos logrados en el control de la contaminación del aire. Este retroceso no solo afectaría a la salud de millones de personas sino que también incrementaría la carga sobre los sistemas de salud pública.


Las olas de calor, que son cada vez más frecuentes y severas debido al cambio climático, crean las condiciones perfectas para picos de ozono, exacerbando aún más la calidad del aire durante estos períodos. Loretta Mickley, investigadora de la Universidad de Harvard, advierte que estos eventos están configurados para duplicar los días de alerta por alta concentración de ozono en ciertas áreas.


Abordar este desafío requerirá un esfuerzo coordinado para reducir las emisiones de los precursores del ozono mediante la adopción de vehículos eléctricos y la promoción de fuentes de energía renovable. Además, es vital implementar políticas que protejan a las comunidades más vulnerables, que a menudo residen cerca de áreas industriales y son las más afectadas por la contaminación del aire.


El entendimiento público y la acción colectiva son esenciales para mitigar los efectos del ozono troposférico en nuestra salud y bienestar. A medida que avanzamos, es crucial que tanto los legisladores como los ciudadanos comprendan la gravedad de este contaminante y trabajen juntos para mejorar la calidad del aire que respiramos.

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