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Día Mundial de los Humedales: el ecosistema más amenazado del planeta llega al límite

  • jquiroga63
  • hace 1 hora
  • 3 Min. de lectura

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que recuerda la firma del Convenio de Ramsar en 1971 y que, más de medio siglo después, llega marcada por una grave emergencia ecológica. Lejos de los discursos conmemorativos, organizaciones sociales y ecologistas alertan de que los humedales se han convertido en los ecosistemas más degradados del planeta, víctimas directas de un modelo económico que prioriza el beneficio privado frente a la protección de la vida.


Los datos respaldan esta advertencia. Según el propio Convenio de Ramsar, cerca del 90 % de los humedales del mundo han desaparecido desde el año 1700, una destrucción que se aceleró durante el siglo XX y que continúa hoy. En España, los informes oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) estiman que entre el 60 % y el 70 % del patrimonio húmedo original se perdió en la segunda mitad del siglo pasado, principalmente por su desecación para usos agrarios, urbanísticos e infraestructuras.


Un deterioro con causas estructurales


Las organizaciones denuncian que la degradación de los humedales no responde a errores puntuales, sino a causas estructurales profundamente arraigadas. La sobreexplotación de acuíferos, la expansión de la agroindustria intensiva, la contaminación difusa y la especulación urbanística continúan secando ecosistemas esenciales para la biodiversidad y el ciclo del agua.


Detrás de este proceso señalan intereses económicos concretos, sostenidos durante décadas por decisiones políticas permisivas y por la inacción de las administraciones públicas. Un deterioro que no solo tiene consecuencias ambientales, sino también sociales y laborales: debilita economías locales, destruye empleo vinculado al medio rural y agrava problemas como la precariedad y la despoblación.


Doñana, símbolo del colapso ecológico


El Espacio Natural de Doñana se ha convertido en el ejemplo más visible de este colapso. La falta de control sobre las extracciones ilegales de agua y la tolerancia frente al crecimiento de la agricultura intensiva han llevado a este humedal emblemático al borde del colapso ecológico.


Organismos como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la Junta de Andalucía han sido señalados por años de inacción, mientras grandes propietarios continúan beneficiándose del expolio del acuífero. A pesar de los anuncios de inversión pública, proyectos clave para la recuperación real de la marisma, como la renaturalización del Caño Guadiamar o del Brazo de la Torre, siguen bloqueados.


El Plan Nacional de Restauración, una oportunidad decisiva


En este contexto, entidades como Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Juventud por el Clima–Fridays For Future, Fundación Global Nature, AEMS–Ríos con Vida, la Asociación Española de Educación Ambiental y UGT, reclaman que el Plan Nacional de Restauración, derivado del Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, sitúe a los humedales en el centro de sus prioridades.


Las organizaciones advierten de que la restauración no puede limitarse a medidas cosméticas ni convertirse en una herramienta de greenwashing institucional. Reclaman completar de forma urgente el Inventario Nacional de Zonas Húmedas, identificar espacios recuperables, proteger de forma efectiva el dominio público hidráulico y eliminar cualquier resquicio legal que permita su desecación. También consideran imprescindible reducir drásticamente el impacto de la agricultura y la ganadería intensivas en las áreas de influencia de estos ecosistemas.


Restaurar humedales es restaurar el futuro


Pese a la falta de ambición política, las organizaciones recuerdan que la restauración de humedales es viable cuando se eliminan las presiones y se devuelve el agua a los ecosistemas. Proyectos como la recuperación de la Pletera (Girona) o el humedal de Campo de Lamas (Galicia) demuestran que es posible recuperar biodiversidad, mejorar la calidad del agua y aumentar la resiliencia frente a la crisis climática.

Restaurar humedales, subrayan, no es solo una cuestión ambiental, sino también de justicia social. Supone apostar por una transición ecológica justa, capaz de generar empleo digno, reforzar los servicios públicos y corregir un modelo productivo que ha socializado los costes ambientales mientras concentraba los beneficios. Devolver el agua a los humedales es, en definitiva, devolver futuro.


Redacción

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